Las piezas calibradas de 1 a 2 cm se pegan con pegante C2 de capa delgada y doble encolado. Las lajas de espesor irregular se asientan sobre mortero de pega, ajustando cada una hasta dejarla a nivel y sin vacíos.
En mármoles blancos usamos pegante blanco, porque el gris puede traspasar la piedra y dejar sombras. Los mármoles verdes y algunas piedras sensibles al agua se curvan con pegantes cementicios, por lo que se instalan con adhesivo epóxico o de fraguado rápido.
Un vacío bajo la esquina de una pieza se convierte en fisura el día que cae algo pesado. Por eso verificamos por golpeteo durante la instalación, dejamos juntas perimetrales y de movimiento y nunca cruzamos una junta estructural, algo clave en una ciudad con actividad sísmica como Medellín.
Las eflorescencias, ese polvo blanco que brota por las juntas, son sales del mortero arrastradas por la humedad. Las prevenimos con mortero bien dosificado y curado lento, y cuando aparecen en pisos ajenos primero buscamos de dónde viene el agua.